Abro el libro un domingo tras el recuerdo de tu recital en la biblioteca de Sanse. Allí dejé algunas preguntas sin hacer y algunos comentarios sin decir, así que aprovecho ahora para hacerlo.
Tono amable, tranquilo, a veces con ira contenida; amor ingenuo (no sé bien por qué escribo esto); admiración al padre, la madre, la hija que corretea por la sala donde hablas y escuchamos; reconocido amigo, siempre mirando de cerca; gesto serio y preocupado, sin embargo, sonríes con ganas y dejas salir toda la risa desbordada.
Hay espinas, ¿quién no?, y miedos, indecisiones, dudas más que certezas, que también.
Y todo ello transcurre, camina con una poesía que nos llega como agua del río que hace tiempo abandonamos. Y en su cauce -aquellas orillas naturales, sin adecentar- encontramos el poema, la palabra, la luz que alumbra, brilla entre miles de estrellas que no consiguen opacar el humilde y original resplandor que tiene la voz propia de quien se atreve a levantarla.
Gracias, Armando.
Al leer tus poemas con tranquilidad encuentro versos sencillos y pulidos, certeros, que tras su aparente sencillez seguro que tienen mucho trabajo de obrero y arquitecto.
Versos que juegan para dar una voltereta súbita; que nos llevan de la mano a algún lugar inesperado; que me dicen: mira, Javier, aquí…
Pues eso, entre muchos otros susurros que reconozco y abrigo, tus poemas me hacen disfrutar de la poesía; y algo más, recuperar una cierta ilusión e intención de seguir escribiendo.
Porque en muchas de tus poesías encuentro esa enseñanza del profe que dice a sus alumnos: si te apetece, puedes, por qué no; todo puede ser poesía.
Javier Hortal

Un placer comentar tu libro y compartir las impresiones. Poesías que leo con disfrute y admiración.
ResponderEliminarGracias, Javier, otra vez.
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